Las cinco reglas para conservar bien el vino
Temperatura
En este sentido hay dos aspectos muy importantes: la temperatura en sí misma y que no se produzcan cambios en ésta.
En cuanto a la temperatura, la más equilibrada está entre 14 y 16ºC.
Con respecto a los cambios, éstos tienen la misma importancia o mayor que la propia temperatura. Así, los cambios muy
bruscos aceleran la evolución en botella, haciendo que comience antes su declive. Sin embargo, cuando el salto es menor,
el vino evoluciona lentamente, adquiere una mayor redondez en boca, desarrolla su bouquet y alarga su vida.
Es importante que estas fluctuaciones no sean superiores a los 2ºC.
Humedad relativa
El mantenimiento de una higrometría adecuada es muy importante. De hecho, tanto el exceso como el defecto provocarían
problemas.
Una humedad baja hace que el corcho se seque y se contraiga, lo que permitiría que el vino entrara en contacto directo con
el aire. Demasiada humedad produciría la aparición de moho y de bacterias perjudiciales para el vino, además de perjudicar
las etiquetas de las botellas.
De esta manera, está comprobado que el grado de humedad apropiado estaría entre un 65% y un 75%.
Oscuridad absoluta
Al igual que la temperatura elevada, la luz potencia la oxidación del vino.
Ausencia de vibraciones
Las vibraciones son muy perjudiciales para el vino, especialmente para el tinto. Deben evitarse completamente.
Posicionamiento de la botella
Es muy importante que el corcho permanezca húmedo, de ahí la necesidad de que se almacene en posición horizontal para
facilitar el contacto con el vino.